De la naranja traidora o no hay necesidad de violencia

1 Abr

De lupas y catalejos

naranja Casi me caigo para atrás al encontrármela; regresaba cansada después de un día entero de trabajo y de defender en las redes sociales a mis Cocodrilos cuando su silueta me dejó atónita. Era una naranja gigante, del tamaño de una gran pelota de playa, y con una sonrisa amplia e irónica.

Colgaba de una soga que iba de lado a lado de la calle, junto a un cartel, también de grandes dimensiones, que decía: Villa Clara, campeón (por suerte enredado a causa del viento). “¡Pero qué clase de frescura, caballero!- pensé – ¿Cómo es posible que pase esto en el medio de mi barrio matancero?”

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