De recepciones, limas de uñas y otros demonios

6 Nov

De lupas y catalejos

“Si respetas la importancia de tu trabajo, este, probablemente, te devolverá el favor” Mark Twain

Puntual llegué a la entrada de aquella empresa. Como corresponde, procedí a identificarme con la recepcionista. Ella pareció no verme; con audífonos colocados y espejito en mano, bromeaba con un custodio y se sacaba las cejas. Mientras, una de las trabajadoras del centro hablaba por teléfono a toda voz, casi sentada sobre el buró.

Yo me sentía invisible; carraspeé y nada: cero contacto visual. Entonces repetí una, dos, tres veces, un “buenos días” que aumentó de volumen paulatinamente. Solo entonces la señora reparó en mí y lanzó un “dime”, nada amistoso.

Respiré profundo, le expliqué que venía a entrevistar a un especialista y dije su nombre: “¿A quién?”, me espetó. En aquel momento, la de la conversación telefónica intervino para decirle que sí, fulanito, el flaquito de bigotes, trabajaba en tal departamento. La recepcionista se…

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