Archivo | febrero, 2015

La noche, la parada y esta ciudad

13 Feb

De lupas y catalejos

No hay nada más triste que una parada, de noche, en mi barrio de periferia. Pocas luces, muy amarillas las únicas que se atreven a romper la oscuridad y un silencio total solo atravesado muy de vez en cuando por el motor de los carros que a toda velocidad buscan el centro de la ciudad, ajenos a la angustia de quienes ansían también llegar a la Matanzas nocturna, donde el arte o la vida los esperan.

Por eso, aquella noche, cuando el taxi salió de la nada para parquearse ante mi esposo y yo e invitarnos a llegar hasta el mismísimo centro de la dormida urbe, por solo cinco pesos en moneda nacional, quedamos estupefactos.

Salvo las recién aparecidas y no tan constantes confrontas,  cuando la noche cae en Pastorita –mi barrio amado– ningún medio de transporte se detiene allí.

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