¡De padre!

21 Jun

De lupas y catalejos

¡De madre!, decimos los cubanos cuando algo se nos presenta, arduo, desagradable o por encima de nuestras posibilidades. Por qué se menciona a la progenitora en tales momentos, es un misterio. Quizás tenga algo que ver con el dolor y el trabajo, tanto físico como emocional, que implica dar y cuidar la vida.

Decimos, ¡de madre!, pero no ¡de padre!; porque los padres, a pesar de la sociedad patriarcal o tal vez por ella misma, resulta invisibles. Se les ve como meros sementales, los que ponen la semillita, o como jugadores de relevo: cuidan a los hijos cuando mamá está enferma o de viaje o de misión.

Sin embargo, hay tantos buenos padres como buenas madres. Hombres que se estremecen desde el primer ultrasonido y lloran de felicidad cuando les enseñan a su bebé, arrugadito y feíto, como todos los recién nacidos, pero para ellos lo más lindo del mundo.

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