Archive | febrero, 2016

La Feria de los dinosaurios

27 Feb

De lupas y catalejos

Por Rey Montalvo

Por sugerencia de una amiga salí a buscar 1984 en la fortaleza San Carlos de la Cabaña, sede principal de la Feria Internacional del Libro de La Habana; pero la polémica novela de Oswell se agotó demasiado rápido y no alcancé a descubrir, en ese entonces, la relación de Winston y su pánico a las ratas, con el Gran Hermano.

Un hombre me gritó: “Compra el libro más vendido de la Feria, regálate los rompecabezas de dinosaurios”. Lo vi de lejos en las mesas y luego en muchos bolsos, sentí una ligera angustia.

Caminé desorientado entre pregones y olores (no a libro, sino a comida); estaba medio aturdido por la música alta y divergente al contexto literario. Después de una búsqueda exhaustiva, encontré una biografía de Neruda a solo tres pesos en moneda nacional (que agradecí asombrado), un ejemplar de Infidente, premio de novela…

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Panaderofobia

24 Feb

De lupas y catalejos

nQmNk5TM9Como casi todos los cubanos, tengo un vecino musical que me impone sus gustos en la materia. Pero él no es el inspirador de este post, porque si bien nos castiga los fines de semana y en sus múltiples celebraciones, hasta ahora no se le conoce por madrugador y jamás enciende sus bocinas ante de las diez.

Quiero hablar de los panaderos y mi tormentosa relación con ellos.

¿Quién no ha visto los cielos abiertos cuando no compró pan el día anterior, la mañana lo sorprende carente de ese especial recurso para desayunar, y oye el grito de “panadeeeeeeroooooo”?

Yo no tiraré la primera piedra, soy fan del pan suave (que algunos han bautizado como “desmayado” por su evidente flojera – desmadejamiento- languidez); y si bien hay que pagar un poco más que en la panadería, bien lo vale si una se ahorra la caminata.

Pero, los panaderos de…

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Un ingenio para la memoria

24 Feb

De lupas y catalejos

Museo del Azúcar José Smith Comas

El patrimonio azucarero forma parte esencial de la idiosincrasia de muchos de los matanceros. Hoy, lo que antes fuera ingenio, se levanta como museo para no dejar morir ese legado

“Pregúntenle a este enmudecido terraplén / a qué sabe el azúcar de la desmemoria” (fragmento del poema La callada molienda de Maylan Álvarez Rodríguez)     

Una muestra de las partes que intervienen en el proceso de fabricación del azúcar, permite explicarlo a los visitantes. Una muestra de las partes que intervienen en el proceso de fabricación del azúcar, permite explicarlo a los visitantes.

A quienes han vivido en un batey azucarero se les reconoce fácil; basta conversar con ellos un rato para que irrumpan en la conversación, como ráfagas, las evocaciones de una vida regida por los ruidos del central, el olor de la molienda, el transitar de los vagones repletos de caña…

La reestructuración de esa industria, iniciada en el 2002, determinó en Matanzas el cierre de la mayoría de sus ingenios. El…

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Declaración oficial contra la clonación femenina

24 Feb

De lupas y catalejos

mafalda despeinadaKeratina para estirar mis pelos rebeldes. Uñas acrílicas para tenerlas siempre parejas y bien pintadas. Cera para depilar cualquier rastro de vello en mi rostro. Cada vez la lista es más larga; por no sumar la cartera, los zapatos y hasta el monedero o la felpa de moda. Se supone que debo hacer y tener todas esas cosas para ser una mujer bella, bien arreglada, femenina. Pero a mí plancharme el pelo me da pereza, no me gusta ir a casa de las manicuras y me parece que depilarse con cera es una tortura bárbara. Por eso me estiro los pelos si quiero, rizados también me gustan; y me pinto las uñas si tengo ganas; ¡la cera ni me la acerquen! Además, no cobro tanto como para ir detrás de los designios del mercado y tengo cierto gusto por las cosas insólitas, artísticas digo yo, raras dicen los otros. Me…

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¿Y si tuviéramos trillizos?

24 Feb

De lupas y catalejos

Tal vez porque viví de cerca una historia de infertilidad y agradecida abrazo cada día su final feliz. Tal vez porque sé lo mucho que significa acoger en una familia a un bebé por largo tiempo esperado, me estremecí tanto con las lágrimas de Yanet.

Yanet lloraba de felicidad, porque solo ella y su esposo Juan saben lo mucho que ansiaron el momento de tener hijos, de experimentar la maternidad y la paternidad como prolongación del amor mutuo.

Yanet lloraba porque quizá con nuestras preguntas de reporteras indiscretas y de mujeres con el reloj biológico haciendo “tic tac”, le despertamos todas las emociones y los miedos del largo proceso desde la fecundación in vitro hasta ver, con 38 años, a sus tres hijos sanos, ganando el peso adecuado para salir del hospital.

A lo mejor se conformaban con un pequeño, pero la vida y la ciencia les dieron tres: una…

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