Una tía y el síndrome del nido vacío

9 May

De lupas y catalejos

DSCF2154Aún no tengo hijos, pero ya sé lo que sentiré el inevitable día en que se vayan de casa. Isa, mi sobrina,  se ha mudado a un hogar nuevo; y, aunque no es tan lejos, y sé que la veré muchas veces, no pude evitar la tristeza cuando la despedí. Desde el carro me lanzaba besos voladores, y yo había  “pucheros inmaduros”, porque sé que ahora mi casa vuelve a ser reino de adultos, sin juguetes desperdigados por el piso, pinturas rupestres en crayola adornando las paredes, migajas bajo los muebles ni una kamikaze de dos años dispuesta a robarse mis libros, mi agenda, a registrarme en el bolso del trabajo o insistir en sentarse en la laptop con el incuestionable argumento: “yo pueo” (léase puedo).

DSCF2184Ahora todo luce silencioso, y se hace más evidente cuán inmensa puede ser la presencia de un niño, cómo su risa tiene el alcance…

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