Hombre cotidiano en las alturas

19 May

De lupas y catalejos

Creímos que subir la Loma del Pan iba a ser cosa fácil. Ya una vez un aguacero inoportuno había frustrado la expedición, y por eso sobraba el entusiasmo y la voluntad: nada en el mundo impediría que aquella tarde conquistáramos la mayor elevación de Matanzas y viéramos toda la ciudad y sus paisajes a nuestros pies.

No calculamos el sedentarismo periodístico, los años de más de algunos, las libras sobrantes de otros, los pulmones de algún fumador empedernido. La mayoría, primeriza en la aventura, nada sabía de la empinada carretera que corta el aliento, arranca el sudor y afloja las piernas.

Como “subir lomas hermana hombres” (y mujeres) nos reímos de nosotros mismos, hicimos paradas no recomendables, valoramos acampar a mitad del camino, compartimos el poco ánimo sobrante; y, cuando ya faltaba la fe, llegamos al punto más alto.

Nos hinchamos los pulmones de aire limpio, la brisa del atardecer…

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