El hombre y el parque

31 Oct

De lupas y catalejos

Este Casanova no es veneciano. Tampoco, diplomático o célebre mujeriego, aunque el anonimato pasa de largo por su lado, espantado por la laboriosidad hecha persona. “Entrevístalo”, me sugirieron y fui a buscarlo porque el argumento era convincente: “defiende ese parque como si fuera suyo”. Él tomó aquel pedido con escepticismo.

  • ¿A mí?
  • Sí, a usted.
  • Bueno…

Así llegamos a uno de los bancos del sitio que marca, de cierta forma, el centro de Los Arabos. Saqué la grabadora, y la libreta de notas, y antes de que consiguiera capturar la primera línea ya sabía que la descripción de guardaparques apenas alcanza para definir todo lo que hace Argelio Mario Casanova Cardoso.

“Chapeo, paso rastrillo, recojo las hojas, barro la acera y si veo a alguien haciendo algo malo, lo enfrento. Camino esto completo, y enseguida sé si se llevaron algo. Roban cestos, rompen los bancos. Nada más quedan dos…

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